Cuenta la tradición, que la víspera de la Fiesta Grande, es decir, la noche del 11 de Octubre, los mozos de Laguarta rondaban casa por casa, agasajando a las mozas. También cuentan, que Sr. Garzo, y Sr. Simón de Justa fueron los que por muchos años llevaron la voz cantante.

Dicen que en aquellas noches de ronda, el Tío Garzo, buscaba al Sr. Simón de Justa al son de la siguiente copla para dar comienzo a la Ronda: 

Yo tengo un compañerito
que en sintiendome cantar
se levanta de la cama
y me viene a acompañar

Por segundo año, volvíamos a rondar. Este año, la ronda comenzó por Casa Justa, para rondar en primer lugar a Perico, hijo de Sr. Simón de Justa y del que de heredó el gusto por la jota y la ronda. Allí Montse, su hija, le cantaba la siguiente estrofa adaptada a la ocasión:

Escucha padre la ronda
que tu hija viene a rondate
porque no encuentra un cariño
que al tuyo pueda igualale.

Un emocionado Perico nos agasajaba a todas con unos buenos tragos de pacharán y galletas, así, a eso de la media noche en Laguarta comenzaba por segundo año, la ronda de las mujeres.

En el Pedriño de Justa: Ana, Perico de Justa y María, Carlos de Jorge, Rocío de Jorge, Ana y Montse.
 

La segunda parada, fue en Casa Chaime. Teníamos que rondar a Justino, y antes de que marchara a dormir, pues en la cervecita de la tarde, había anunciado "dolor de garras" e intenciones de "marchar pronto a dormir". Prestas y dispuestas acudimos custodiadas por Carlos de Jorge a Rondar a nuestro "Diputado", pues si a alguien se le tiene un cariño especial, y se le contempla en nuestro pueblo, ese desde luego es Justino... eso sí... nos dijo que "mejor que el año pasado, pero teneis que seguir practicando".


Con las jotas y el pacharán, también se animó a rondar, y marchamos derechitas hasta Casa Pablo, es decir, a Casa del Sr. Alcalde. Miguel, gran aficionado al futbol, se hizo de rogar... pero también salió, y junto a su mujer, Palmira, continuamos las canciones, las jotas y la charrada. La primera que cantamos, como no podía ser menos fue:

El alcalde en la ciudad,
el cura manda en la iglesia
y este alcalde manda en casa
cuando Palmira no está


Tras marchar de casa el alcalde, volvimos a la plaza, esa que al día siguiente dejaría de ser Plaza Mayo para convertirse en Plaza de Don Pedro Villacampa. Allí a las puertas del albergue, y en compañía de Isabel y Gabi, entonábamos una despedida muy especial, pensando en alguien que nos faltaba y que a buen seguro, hubiera disfrutado casi tanto como Perico y Justino.

Porque fuiste generoso
no te olvidamos Eusebio
a más de vivir en otros
imborrable es tu recuerdo

Con el cielo despejado, a pesar de nuestros esfuerzos por nublarlo, el sonido templado de la guitarra de Rocío de Jorge, y la alegría de nuestros mayores, pasada la madrugada, nos recogimos cada machuelo en su olivo, con el propósito de "al año que viene, más y mejor".

Fotos y Texto: Karlota Albás

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