La fiesta de Laguarta continúa viva casi medio siglo después, 47 ediciones las celebradas ya. ¡Y cómo hemos cambiado! Entre los que faltan y los que han llegado, la fiesta sigue siendo ese equilibrio perfecto entre la tradición de nuestros mayores y el emprendimiento y la risa de nuestros jóvenes.
En el recuerdo: Los que siempre estuvieron y arrancaron con la fiesta. Este año, su silencio y ausencia nos recordó que ya no están físicamente, pero siempre seguirán en la memoria colectiva de nuestro pueblo:
Santiago Justa, nuestro eterno Rondador. Justino de Chaime, que nos dejaba poco después de la fiesta del 2024, y que ahora seguro presume, de fiesta y de pueblo desde lo Alto d’Obico. Tampoco estará ya su hermano Paco, "Paco Chaime el del Correo" que seguro que organiza partidas de guiñote de las "güenas" en el cielo.
Garzo, cuyo humor somardón y su inseparable manguera echamos de menos (aunque Alberto y Juan han demostrado ser dignos sucesores del arte del agua).
El primer sábado de agosto, en Laguarta es Fiesta y esta es Crónica de un fin de semana inolvidable, el del 1 y 2 de agosto de 2025.
Llegó el Viernes y este año, más si cabía era sinónimo de Ronda y Emoción.
Cuando las luces abrazaban la noche, por los que se fueron y por los que se incorporan, arrancamos la ronda por las casas. El recorrido arrancaba en la Plaza, para llegar a la cercana primera parada de Casa Cudillo, tras brincar "os porrons" la comitiva rondaba hasta llegar a Casa Justa. Allí buena pirada y un chinchin especial, acordándonos de Perico y Santiago, Rondadores de Primera y por los que allá por el 2010 arrancaba la ronda, tras años de ausencia. Y de Justa tocaba hacer pierna, subiendo la rampa de la Escuela hacia las Casas Nuevas Marín-Ruíz, buen tortillón de nuestro cocinero estrella Don Pedro. y ya con "o buche lleno y o corazón contento", pasear por la oscura Calle del Pilar para llegar a la placeta de Jorge, y en Casa de Carlos y Ana, probar os lamines del lugar: Rosco de manzanetas y las Rosquillas, siempre escasas de anís, según decía Garzo y siguen reclamando José Mari Cudillo y Carlos de Jorge.
Y todavía con resaca, y una vez rallaba el alba, emprendíamos la mañana del Sábado: Tradición y Naturaleza. La mañana comenzó con una excursión por la redolada. Una mirada diferente a nuestro entorno: desde los caxigos milenarios y la botánica del Guarga hasta nuestras fuentes y barrancos.
Mientras tanto, la Comisión de Fiestas —este año impulsada por el empuje de Sergio y Miguel de Justa— recuperaba la tradición de los Asadores. Mientras unos oraban en misa, con párroco suplente pero impresionado por el ambiente festivo y el marco de nuestra iglesia, dado que nuestro párroco titular, el padre Ivan, se hallaba en el Vaticano, y desde allí mismo, nos enviaba su oración y su recuerdo, otros trabajaban en la escuela, preparando mesas y entremeses, y en la herrería con ascuas como fogones: "Los Chovens" de Casa Justa y los de Cudillo preparando las brasas para asar las carnes del país, tal como se hacía antaño.
Tras la misa, la caridad (torta y vino para regalar) y de improviso el pregón. Volvía a resonar con fuerza, a cargo de Jesús Escartín (El Molinero) y Carlota Albás (Casa Jorge), rememorando aquel Romance de Ciego que dieran en el 2006, y de remate la comida de convivencia.

La tarde fue un estallido de vida: comida, risas, sin partidas de guiñote (aunque parezca increíble) y juegos tradicionales en la Plaza Don Pedro organizados por la juventud. Esos mismos jóvenes que se encargaron de que el barril de cerveza no dejara de rodar (y de recaudar la voluntad de los presentes).
Laguarta no se detiene, aguanta, resiste, levanta y sigue. Así que la jornada terminó con una cena en la escuela y el baile al ritmo de Super López, con su correspondiente "after" para los más valientes.
Sigue la fiesta, siguen sus gentes. Laguarta sigue viva en el corazón de todos los serrallapuertas. ¡A por otros 47 años!































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